Estos días no han sido como solían ser.
Yo me compraba los billetes sin pensar, me hacía la mochila sin pensar, me iba sin pensar…. y todo estaba bien.
Pero ahora… ahora prefiero aprovechar los sábados por la mañana, quedo a tomar un café en lugar de una cocacola, y me preocupo por la puta mochila, los billetes y el qué me encontraré cuando llegue. Algunos empezamos a sentirnos viejos (pero vivos) y a preocuparnos por todo aquello que antes no nos preocupaba.
Por eso estos días han sido distintos. Más listas, más agobios, más vueltas a la cabeza… y menos disfrute. Hasta que piso el aeropuerto. Aquí nada cambia. Lo piso y vuelvo a ser yo. Ya me siento cómodo, algo bueno se avecina, y las ganas que me faltaban en el metro, resurgen de nuevo.
Primera parada. México
